3 en 1

Agosto 20, 2008 · Dejar un comentario

Este es el nombre del aceite que solemos poner en las bisagras de las puertas cuando, en lugar de estarse calladitas, chirrian por soleares, y esa chirriante sensación me ha recorrido el cuerpo al ver la nueva silla que la empresa Cappellini presentó en la pasada Feria de Milan

Se llama Stitch y es obra del diseñador australiano Adam Goodrum. Como se puede observar, la silla tiene como principal particularidad esas aristas llenas de bisagras que le permiten plegarse de un modo totalmente nuevo al que estamos acostumbrados a ver en las sillas plegables, si bien es cierto que toma como referencia el sistema que utilizan las sillas de director, pero con un material radicalmente distinto.

Se realiza en plancha de aluminio pulido lacado en diversos colores, lo cual la hace increiblemente ligera y gracias a su particular plegado ocupa muy poco espacio.

A pesar de ser un diseño que aporta novedades en el trillado mundo de las sillas, no se me quita esa sensación chirriante que me pone los pelos de punta al ver tanta bisagra junta.

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